
Cualquier tipo de imposición, sea cual sea está mal, sobre todo en esto de la lengua.
En nuestro país, tenemos la suerte de poder hablar diferentes lenguas.
¡Ojalá supiera hablarlas todas!
A veces el cambio da miedo, pero no por ello tenemos que cerrarnos.
Lo único malo es que la lengua, las palabras, con una riqueza y políticamente se está utilizando como arma arrojadiza.
Una lengua no pertenece a nadie, como uno pertenece a sí mismo.
Hace tiempo escribí por el derecho a hablar en castellano en la escuela. Pero ese derecho es ampliable a las demás lenguas cooficiales y otras que aún no lo son.
El problema está en su uso como herramienta de separación.
Al final es cosa de respeto y educación. Respeto por las personas, por sus lugares y sus gentes, y respeto a su vez por los que vienen de otros lugares.
Educación, respeto, diversidad… Cuántas coas por hacer y cuántas cosas por no usar como arma política y arrojadiza.
¡Feliz día!



